Amor en la oficina. Tabú y falsa moralidad
La atracción sexual, el amor y los sentimientos de pareja son una condición humana y un instinto inevitable. El que diga lo contrario está mintiendo, está mal de la cabeza o no es humano. Todavía existen empresas que tratan de impedir a toda costa esta sana y normal condición, con manuales que se acercan a la Inquisición Española del siglo XV, en empresas con “Directores-dinosaurio” que siguen implementando absurdas normas ya obsoletas en nuestro abierto y moderno mundo actual.
Una relación física entre empleados dentro de las instalaciones de la corporación, es una experiencia muy estimulante que va mucho más allá de la amistad en el trabajo y que sólo pueden entender aquellos que la han practicado. Desde los simples contactos casuales hasta los acontecimientos más limitados en la oficina, siempre surgen sentimientos y sensaciones que repercuten en el estado de ánimo de los protagonistas de forma positiva y que en cierta forma les motiva a trabajar mejor. El riesgo latente de ser descubiertos y la confidencialidad le dan un toque emocionante e incluso romántico a la jornada laboral.
Independientemente de lo que digan las normas de conducta de la empresa en este sentido, que por lo general habrán sido redactadas por algún falso-moralista (seguramente gringo), les aseguro que es perfectamente normal (y sano) que dos personas se enamoren en el trabajo o que surja alguna atracción entre dos empleados que por lo general trabajan, comen y conversan casi 8 horas al día todos los días (lo anormal sería lo contrario). Otra cosa es, si esa relación deriva en matrimonio.
Por supuesto que las empresas (sobre todo las grandes) no están preparadas para aceptar este hecho irrefutable, ni tampoco para afrontar las complejidades de una relación de pareja dentro de la empresa y por eso “nos venden” que: son negativas, que crean conflictos de intereses, que representan acoso y que van en contra de los principios de la compañía (nada más lejos de la realidad).
Nadie tiene derecho a decirnos que sentir ni cuando sentirlo, así que si surge la oportunidad es mejor no dejarla pasar. Solo es necesario mantener el equilibrio suficiente para no descuidar las responsabilidades dentro de la empresa y tomar precauciones para no crear situaciones negativas que puedan afectar las funciones y tareas de los participantes. Les aseguro que es posible hacerlo de forma continuada, en plena armonía con la empresa y sin despertar sospechas en el resto de los empleados. Todo depende de la confianza y madurez de los involucrados.
En algunas empresas multinacionales norteamericanas (país en donde el sexo es considerado culturalmente como algo sucio y reprochable), los representantes de recursos humanos, anuncian con desparpajo, que los empleados deben informar a la empresa sobre sus relaciones personales. “Aunque sea una aventura de una noche”, ya que La Dirección debe determinar si existe el riesgo de algún conflicto de intereses.
Pero la verdad es que las relaciones personales son las que determinan el buen ambiente en el lugar de trabajo, y los departamentos de recursos humanos no tienen mucho que hacer al respecto.
La única mala noticia es que este tipo de relaciones comporta una alta probabilidad de fracaso, sobre todo las que pasan a formalizarse, ya que la sensación de peligro y el romance tienden a desaparecer cuando se hacen públicas.
Hablan los expertos
En un estudio reciente realizado por Deborah Keary, directora de recursos humanos de Society for Human Resource Management (SHRM), con sede en Alexandria, Virginia. EEUU y en colaboración con el prestigioso portal de empleo para altos ejecutivos CareerJournal.com, perteneciente al diario Wall Street Journal. El 40% de los empleados entrevistados afirmaba haber tenido un idilio en la oficina en algún momento de su carrera, un resultado que posteriormente fue confirmado por otros tres estudios elaborados por empresas privadas. Uno de esos estudios, realizado por la página Web especializada en carreras profesionales Vault.com, también encontraba que el 19% de los empleados admitía haber tenido una aventura en la oficina, en lugares tan dispares como “el despacho del jefe” o “en el coche durante el trayecto para visitar a un cliente”.
Aunque este último descubrimiento no deja de ser algo sorprendente, a nadie debería sorprender la gran frecuencia con la que se producen idilios en la oficina, dice Keary. “El lugar de trabajo es el nuevo vecindario. La gente pasa un montón de tiempo en la oficina, y si se va a producir una relación personal, ése será el lugar”, sostiene.
Las tendencias demográficas alimentan el fenómeno, señalan Keary y otros expertos. La edad media para casarse cada vez es mayor y aumenta la probabilidad de que los empleados jóvenes estén solteros. A medida que las mujeres siguen incorporándose a la fuerza laboral y suben peldaños, cada vez es más habitual que trabajen hombro con hombro con el género masculino. Y en empresas “respetuosas con los trabajadores gay”, no debería sorprender que personas del mismo sexo abiertamente empezasen a salir y a integrar sus relaciones al trabajo.
Podría darles una larguísima lista de motivos para demostrar que la nueva sociedad está generando un aumento de los romances en la oficina, pero me limitaré a los dos más comunes:
– Cada vez es más común la prolongación de la jornada laboral y esto crea inevitables y consecutivos contactos.
– Cada vez existe menor inseguridad de los empleados a nivel social a la hora de iniciar una relación, la gente se está abriendo a sus sentimientos.
Impacto sobre el entorno laboral
En este punto, la mayoría dirá que son un peligro y que no pueden durar y todo eso. Pero no podemos negar que son extremadamente satisfactorias y sobre todo muy motivadoras.
Lo que se debe de hacer es afrontarlas con la mayor madurez posible sin pensar que se hace algo malo. Así que lo más importante es la imparcialidad cuando se trabaja en equipo o a través de resultados, ya que las dinámicas de equipo en el trabajo fomentan la formación de relaciones muy estrechas y una de corte sentimental coloca al equipo sobre una delicada cuerda floja, que no obstante es posible mantener siempre que se sigan las reglas del juego.
Si la pareja sigue “bien integrada” y no son vistos como exclusivistas, la relación entre ellos no tiene por qué representar un problema para la empresa. Para promover la integración de la pareja, el líder del equipo puede asignarles a cada uno de ellos objetivos diferentes dentro del mismo. Eso ayudará mucho en caso de que rompan, ya que contarán con otros vínculos. Al igual que cualquier otra cosa que ocurra en un equipo, es necesario gestionar la situación.
El potencial impacto en sus compañeros de trabajo podría explicar por qué en general los empleados apoyan la idea de que los directores intervengan en aquellas relaciones que parezcan estar violando la política de la empresa.
Como contraste… Para algunos empleados saber que sus compañeros están saliendo juntos puede ser, por el hecho en sí mismo, algo molesto. En el mismo estudio mencionado en párrafos anteriores, más de la mitad de los entrevistados por SHRM y CareerJournal.com afirmaban que las parejas deberían recibir una reprimenda formal por parte de la directiva, una idea que tan sólo apoya el 36% de los expertos en recursos humanos. Tal vez se trataba de reprimidos y excluidos sociales que al no poder tener relaciones sentimentales por diversos motivos tratan de impedir que otros en su entorno laboral las tengan, por simples celos y envidia.
No obstante y según la opinión de la profesora de Gestión de Wharton , Nancy Rothbard. El motivo de estos intentos de exclusión y reprimenda, es que los trabajadores en su mayoría suelen adoptar dos posturas contrapuestas: o son partidarios de la integración entre la vida personal y laboral o bien prefieren la segmentación o separación de esos dos ámbitos. “Las personas que salen con gente del trabajo están integrando ambos mundos. Están diluyendo la frontera entre aspectos laborales y no laborales de sus vidas”.
En sus investigaciones sobre las interacciones entre los empleados y la política de empresa referente a la vida laboral y personal, Rothbard descubrió que aquellos trabajadores que segmentan estos dos ámbitos tienen una menor satisfacción y compromiso con su trabajo si la política de la empresa es integradora, como por ejemplo, empresas que ofrecen servicios de guardería. “Por tanto, a aquellos que prefieren segmentar, incluso si no mantienen ninguna relación personal con otro trabajador de la empresa, tal vez les moleste estar rodeados de idilios entre sus compañeros”, explica. “Las relaciones en la oficina pueden afectar profundamente a otras personas”.
Consejos para los principiantes:
– Dependiendo de la seguridad de la oficina las horas más recomendables para practicar los acercamientos son muy temprano en la mañana o cerca de la hora de cierre (cuando haya menos personas laborando) y si la empresa lo permite, los fines de semana son otra buena opción para realizar “horas extra”.
– Los mejores lugares son obviamente los menos concurridos, cómo las salas de reuniones, los archivos, el “parking” o cualquier despacho con alguien de vacaciones (usen su imaginación). Se pueden ampliar las posibilidades dependiendo de la distribución de la oficina y del tipo de mobiliario existente, no descarten ningún lugar…se sorprenderán.
– Lo mejor es planificarlo entre los dos, aunque a veces surgirá cualquier buena oportunidad que no debéis desaprovechar. Si se planifica, entonces es mejor usar prendas cómodas y tener a mano toallitas, ya que serán de utilidad para limpiar la pintura de labios.
– Aunque alguien sospeche, negarlo siempre y de forma tajante. Nunca lo sabrá nadie, a menos que uno de los dos lo haga público o que alguien los descubra in fraganti. No dejar evidencia escrita y crear un código secreto para los encuentros y la comunicación es fundamental. En muchas empresas se monitorean las llamadas y los e-mails…así que mucho cuidado.
– Reserva el romance para los descansos o las horas después del trabajo. Si durante el horario laboral se te ocurre algo que quieras compartir con la otra persona, escríbelo en un papel y guárdalo para después.
– Conoce la política de la empresa con respecto a los romances laborales. Algunas compañías, por ejemplo, no permiten que haya relaciones de este tipo entre superiores y subordinados. Infórmate de los aspectos legales y actúa con propiedad, un romance idílico puede convertirse e interpretarse en un caso de acoso aunque haya acuerdo entre las partes.
– Mantén el secreto a toda costa, pues lo más probable es que tus colegas respeten tu relación si muestras discreción delante de ellos y te conduces con prudencia.
Reflexión:
Los trabajadores tienen el derecho como seres humanos de mantener su relación en secreto, ya sea porque quieran evitar que el resto de la gente hables a sus espaldas o para evitar ser juzgados por los falsos moralistas modernos. Pero en cualquier caso, mantener ese secreto representa una pesada carga emocional que hace que los empleados sean más vulnerables ante cualquier conflicto que afecte a las partes, ya que es evidente que se hace difícil “pensar” con sentido común cuando se involucran los sentimientos. Pero sigue siendo su derecho como personas el decidir el que hacer con su relación, independientemente de si favorece o no a la empresa.
¿Piensas que las relaciones personales representan un aliciente y un estímulo positivo durante a jornada laboral? O eres de los que apoyaría su veto en las empresas.
Fuentes:
cnnexpansion.co
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